lunes, 8 de noviembre de 2010
CONTROL
Nadie controla nada, mas que sus propios pensamientos ; y quizás ni siquiera eso.
Cada vez que una persona cree estar haciendo algo (poniendo un movimiento un curso causal q va a desencadenar eventualmente en el resultado deseado), en realidad, al iniciar dicho curso causal no esta haciendo nada mas que aumentar las probabilidades de que dicho resultado acontezca; pero de ningún modo produciendo dicho resultado.
En el párrafo anterior estoy a grandes rasgos citando un texto académico que escribí hace ya algún tiempo.
Ahora lo importante: que carajo quise decir en cristiano???
Básicamente: que nadie hace nada o mejor dicho que nadie controla nada, todo aquello que pensamos hacer en realidad siempre esta supeditado a una porción mayor o menor, según el caso, de azar, pero lo cierto es que mientras exista esa porción de azar, no tendrá cabida Ananke (No lo googlen, hablo de la diosa de la fatalidad, de lo inevitable), es decir mientras que exista una efímera porción del resultado que sea ajena a nuestras manos ya sea por acción u omisión del universo: como podemos llamarnos señores del mismo???
Lo que digo no es nuevo y nos alcanza a todos. El mismísimo Dios (javhe para los amiguitos), según la liturgia judeocristiana al crear el mundo, paralelamente creo a lucifer, el rival, y esto no habría sido intencional
(opinión que no comparto), entonces según esta fuente, podríamos decir que el mismísimo dios no tuvo el control absoluto en el proceso causal que desemboco en la creación del universo.
Lo mismo puede decirse de su hijo, que de toda la población mundial tenia que elegir a solo 13 individuos para que oficiaran de apóstoles y cometió el error de darle tal cargo a quien resultara ser un traidor ( aclaración: al igual que la anterior son miradas oficiales y chatas de los textos bíblicos que no comparto).
Entonces si dios se muestra impotente frente a los diversos caminos que puede seguir el flujo de la causalidad:
¿que queda para nosotros los simples mortales?
Lo dicho: debemos conformarnos con la única cosa que en ocasiones el universo nos permite: aumentar las probabilidades e implorarle quizás a algún otro panteón para que la causalidad no de un giro inesperado.
O mucho mejor:, podemos ignorar todo esto y conformarnos con la mera ilusión de control.
Parafraseando a Tayler en el club de la pelea: protocolos de seguridad a 5 mil metros de altura.
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